Entre ese pueblo, en esa rica tierra llamada Grecia para los turistas y hogar para los que la habitan desde hace décadas, el viajero procedente de la Europa desarrollada, que no teme helenizarse, se cultivará de modo regresivo, pero delicioso. Pasará de una alimentación racional y cara, a la cultura del cordero y el aceite de oliva; a una alimentación pobre, pero exultante por sus especias y salsas. El cordero asado, el arroz envuelto en hoja de parra, las mil modalidades de “ pinchos morunos” ( de carne, de callos, de visceras, etc.), los entremeses de legumbres fritas, aceitunas ( que es la gran especialidad griega), pimientos y tomates rellenos.

El pescado, los pulpos, que los griegos tratan con el mismo mimo que los gallegos; los mariscos ( todo casi siempre fresco, pues solo se pesca para el consumo local), así como los numerosos fritos de sartén, pasteles almendrados y pastas con pasas, son otros tantos descubrimientos, que dificilmente hallaras en una tienda o centro comercial y que además van acompañados de una grata historia y de una sonrisa amable.

El visitante se acostumbrará pronto al vino resinado, y al ouzo, un licor anisado que sirve de aperitivo; para después del café, para la tertulia de la tarde, y siempre como contraseña para trabar amistades o relaciones más íntimas. Este cuadro quedaría incompleto sin los vendedores ambulantes de café, ” café bizantino“, que se sirve a la turca: en minúsculas tazas, acompañado de grandes vasos de agua fresca ( usando la refrigeración con que los griegos combaten el calor). Disfrutar una vez más del paisaje vivo.

Imagen: griegos
Información: Enciclopedia atlas
