Para contrastar con la mañana de visitas a los monumentos más clásicos de Atenas, por la tarde nos fuimos a conocer una zona más moderna de la ciudad.

Foto Parlamento: mgrimpho
Primero nos fuimos al barrio de Kolonaki, una zona que dedujimos que era un tanto exclusiva por las joyerías que había, las tiendas de ropas de firma y los cafés muy adornados y casi todos enormes. Por cierto, una de las cosas más caras que puedes tomar en Atenas es un café, sea sólo, con leche o freddo expresso como les encanta a los atenienses, ya que simple café te puede costar como mínimo tres euros. Por eso, cuando los griegos se sientan en una cafetería pasan horas con una única consumición.
Desde Kolonaki bajamos a la plaza Sindagma, que estaba atestada de gente por varios motivos. Porque es el lugar de cita para ir por el centro, porque en su entorno hay multitud de tiendas, porque se acerca la Navidad y, al igual que nosotros, todo el mundo va loco buscando los regalos, y porque la plaza en sí la habían adornado con motivos navideños e incluso había conciertos en la calle.
La enorme algarabía de la plaza contrasta con el antiguo Palacio Real, ahora convertido en Parlamento griego, que cierra uno de los extremos de la plaza. Y a su lado está el Hotel Grand Bretagne, el hotel más glamouroso de la ciudad.
Así, sin darnos cuenta, llegó la hora de cenar y por un precio muy módico, nos tomamos una ensalada de queso fetta, tomate y pepino, y unos rollitos de arroz y carne envueltos en hojas de parra, que estaban bastante buenos.
